El Hijo de Padres Separados


En Hijos y Padres nos hemos propuesto tratar, investigar y publicar temas actuales y útiles que se constituyan en una orientación seria para los padres en diferentes escenarios de la vida familiar. Muchos de nosotros hemos pasado alguna vez  por una crisis matrimonial; algunos no las han superado y terminan separándose definitivamente.

En este artículo de manera profesional hemos recopilado fuentes bibliográficas calificadas acerca del tema de la Separación y Los hijos dentro de ella, y estamos convencidos que si Usted está pensando en separarse o, ya lo hizo o si simplemente es un tema que le inquieta especialmente en cuanto atañe a sus hijos, este artículo le brindará un enfoque constructivo para saber cómo enfrentar una separación matrimonial y para conducir a sus hijos adecuadamente dentro de ella, procurando el menor impacto negativo en ellos. La familia es la base de la sociedad. Es de vital importancia  para el sano desarrollo de los seres humanos. Es quizás donde se establecen las relaciones más íntimas, generosas, seguras y duraderas. Sin embargo, en algunas circunstancias, la separación puede ser una medida necesaria cuando la relación de la pareja se ha vuelto muy conflictiva, tiene repercusiones graves sobre los hijos y se han agotado todas las vías para resolver la situación. Eso no quiere decir que la ruptura de la pareja no sea  una de las experiencias más traumáticas y amargas que pueden sufrir los seres humanos.

Que las parejas decidan terminar su relación porque quieran simplemente ser más felices. Por lo general, la decisión de separarse o divorciarse es el resultado de una larga y dolorosa lucha, en la que aparecen unos sentimientos intensos de miedo, culpabilidad, rencor o incluso odio, y se convierten en partes integrantes del día a día.

Aunque todavía hay personas que ven el divorcio como un veneno para la institución matrimonial, lo cierto es que el matrimonio gravemente enfermo, en el que no existe amor, ni seguridad, ni apoyo, en donde existe un dolor constante en la pareja, donde se saca a la superficie lo peor de cada uno, la ruptura formal puede

ser la única solución.

En el presente artículo, se revisan los conocimientos actuales sobre los efectos del divorcio en los hijos y la intervención del pediatra en su cuidado y en el núcleo familiar.

Asumiendo la Situación

¿Cuándo es preferible separarse? Muchas investigaciones han demostrado que ni la edad, ni el sexo, son los factores a considerar cuando lo que está en cuestión es separarse. Por lo tanto, las preguntas primordiales

que los padres deben plantearse son las siguientes:

• ¿Puedo buscar otras soluciones?

• Si es así, ¿cuáles? Y, ¿en qué condiciones?

• Si la separación es la única solución en estas circunstancias, ¿estamos preparados como personas y como padres a apoyar a nuestro hijo durante este período de transición?

Entre las preguntas que se formulan con mayor frecuencia los padres próximos a una separación están: ¿quién se lo dice?, ¿qué le decimos?, ¿cuándo?, ¿cómo?; en muchas ocasiones, no se les comunica nada hasta que la separación es inminente. Otras veces los niños empiezan a sospechar aunque no hagan preguntas.

Sigmund Freud señaló en una ocasión que es casi imposible ejercer correctamente la profesión de padres, incluso en las mejores circunstancias.

No cabe la menor duda de que tal opinión se hace aún más pertinente si la trasladamos a la profesión de progenitores separados o divorciados. Cada día son más las personas que consideran equivocado preservar un matrimonio con una mala relación y buscan la realización personal y la felicidad, pero que al mismo tiempo piensan que le preciso proteger y cuidar el desarrollo y el bienestar de los hijos.

Muchos padres, conscientes de los malos tragos que conlleva el divorcio y de la cantidad de datos sobre la mayor tendencia de los hijos de padres divorciados a tener problemas psicológicos, se cuestionan la conveniencia de dividir a la familia.

Algunos se preguntan si no sería mejor olvidarse de sus deseos personales y seguir con su matrimonio, por lo menos hasta que los hijos se vayan de casa.

En la actualidad, esta noción de que las parejas mal avenidas o desgraciadas deben continuar unidas por el bien de los hijos está dando paso al nuevo concepto de que los matrimonios sin esperanza de arreglo, deberían terminarse para salvar entre otras cosas el bienestar de sus propios hijos. Pues se ha demostrado, que seguir juntos por el bien de los hijos no funciona con una pareja en constante conflicto, ya que hace sufrir tanto a los adultos que la integran como a sus hijos. Por el contrario, una ruptura que permite hacer a los padres más felices acabará beneficiando a los niños.

CAMBIOS EN LA FAMILIA CAUSADOS POR EL DIVORCIO

La economía familiar puede resentirse y ocasiona una pérdida del nivel de vida de la familia, obligando a muchas madres a buscar un nuevo empleo fuera del hogar, lo que ocasiona un ajuste en el cuidado de

los niños durante la mayor parte del día.

También, como consecuencia del divorcio, la familia se reubica. Pudiendo la madre ir a vivir con sus padres como una medida de ahorro, requerir a los abuelos para que cuiden de sus nietos u obtener apoyo emocional. Al cambiar de residencia, el niño abandona a sus amigos y su escuela, lo cual puede traducirse en problemas

de adaptación al nuevo entorno.

Los hijos pueden estar expuestos a las nuevas conductas de los padres, como disminución de la capacidad de crianza y cuidado debido a una depresión abrumadora o ira. Por otra parte, los hijos también canalizan

sus sentimientos de ira a la madre que los cuida y no hacia el padre del cual no pueden disponer física y emocionalmente.

La madre divorciada a menudo debe afrontar su soledad. La mayor responsabilidad del cuidado de sus hijos limita el desarrollo de su vida social fuera de la familia; además, desaparecen muchos de los viejos amigos, por lo que necesitan un tiempo para buscar nuevas amistades.

Para el padre, al convertirse en muchos casos en el progenitor que perdió la custodia, los problemas son diferentes. Estos van desde no saber que hacer con los hijos en los días de visita hasta las preocupaciones

profundas sobre las consecuencias emocionales de la separación en sus hijos. Algunos temen que sus hijos

le abandonen.

ETAPAS DEL DIVORCIO

El período inmediato a la separación se conoce como la etapa aguda y se caracteriza por la agitación máxima y dura unos dos años. Después, la familia entra en una segunda fase de transición caracterizada por cambios más controlados. Y, la tercera y última fase es la posdivorcio, a la que se llega cuando cesan los principales movimientos familiares de reestructuración y, a veces, después de un nuevo matrimonio:

Etapa aguda. Esta etapa abarca desde el momento en que se decide y acepta el divorcio hasta unos dos años después de que ocurrió la separación real. Los hijos en este período tienen que enfrentarse a la conducta nueva y alterada de sus progenitores; ya que, éstos suelen sufrir depresión, irritabilidad y preocupación por los afectos personales, lo que influye en la menor capacidad para la educación y responsabilidad de sus hijos. Por otra parte, los padres tienen miedo de ser rechazados por sus hijos.

En esta fase, hay dos hechos que son los más estresantes para los hijos: conocer el divorcio y aceptar la separación real de un padre.

Para el matrimonio con hijos, el primer paso se hace aún más difícil, pues el bienestar de los pequeños es un motivo especial de preocupación para los padres. En la gran mayoría de los casos, la custodia de los hijos se concede a la madre y, a veces, ella no está preparada para sus nuevas responsabilidades, en gran parte debido al estrés emocional ocasionado por el divorcio.

Se ha visto que el primer año después del divorcio es el período donde se da la mayor incidencia de conducta negativa en los hijos y el más inadecuado comportamiento parental.

Segunda fase o de transición. Esta fase se caracteriza por nuevos aspectos en el hogar, ahora atendido por

un solo progenitor. Después del primer período de grandes cambios, aparece un cierto equilibrio y, en numerosas situaciones, la ruptura trae una ocasión de crecimiento personal.

Puede haber una mayor disponibilidad física o síquica de uno de los padres o de ambos. La ausencia de discusiones y el respeto mutuo es un bello regalo para los niños. Los hijos participan más en las decisiones.

Pero, por otro lado, deben adaptarse a una nueva relación con cada uno de sus padres y, a menudo, a las nuevas parejas de los mismos. Durante esta etapa, los hijos suelen preocuparse por el bienestar del padre

no custodio y de su relación con él o ella, en particular si ha ocurrido un nuevo matrimonio.También, pueden modificarse los patrones laborales de la madre y los cuidados de ésta con respecto a los hijos. Los patrones de visita tienden a volverse más estables.

A pesar de todo, existen padres que siguen peleando entre sí a través de los hijos o mediante el sistema legal.

Tercera fase o de posdivorcio. La familia puede ser sostenida por un progenitor o puede intervenir ya un padrastro o madrastra. Este nuevo estado no confiere estabilidad automática al hogar, sino que exige nuevos ajustes.

EL NIÑO EN EL CENTRO DE LA SEPARACIÓN

El período que precede a la separación. Los períodos de enfrentamiento, de evitarse o de silencio son muy frecuentes y se necesita mucha fuerza por parte de los adultos para continuar con sus tareas habituales en el ámbito de la familia y en su trabajo. Hay que tener en cuenta que la mayoría de los niños temen el divorcio y esto crea ansiedad en ellos. Cuando el niño oye por primera vez hablar de la separación, se sorprende, se entristece, puede enfadarse o sentirse desamparado.

¿Cuándo informar al niño?. El mejor momento para informar al niño de la decisión de separarse, es cuando

esta decisión es definitiva. Uno de los cónyuges puede resistirse a esta idea, la rechaza y puede esperar que el divorcio no tenga lugar, pero si de hecho uno de los cónyuges tiene que abandonar la casa, él mismo debe informar al niño y ayudarle a prepararse.

¿Se debe decir la verdad al niño?. Los niños son más fuertes y se sorprenden menos de lo que los padres piensan, cuando se les anuncia la separación. Es bueno dar una explicación general, evitando la censura y los reproches entre los cónyuges. Si se prefiere no decir que se ha tomado la iniciativa de la separación, es muy probable que ellos mismos descifren lo que no se dice.Muchos niños razonan de la manera siguiente: “Mis padres me han explicado que ellos han tomado la decisión de separarse porque ellos discuten mucho y no

se aman, pero yo sé que no es verdad”.

En efecto, los padres bien intencionados quieren evitar que uno de los dos lleve solo la responsabilidad de esta decisión. A pesar de esta puesta en escena, a menudo preparada y orquestada en los mínimos

detalles, los niños perciben en la mirada, en el tono de voz, en las palabras dichas y en los silencios, que uno de los padres no es el que inicia este proyecto y está todavía enamorado del otro. Algunos niños se sienten traicionados, por esta falta de claridad, otros piensan en silencio y tienen la esperanza de una reconciliación; mientras que, otros intentan descubrir el verdadero motivo de la separación.

Todo esto necesita mucho valor y determinación, pero es preferible decir la verdad al niño. Él puede llorar, enfadarse o mostrar indiferencia, pero apreciará más tarde la franqueza. A pesar de todo, aunque esto sea difícil, es bueno decirle al niño que ellos han dejado de amarse pero que a él lo siguen queriendo igual. Como dice Francoise Dolto, el niño debe saber que a pesar de la pena, la cólera o la frustración, sus padres no rechazan su nacimiento.

La mejor preparación del niño para la nueva etapa es que esté informado y son los padres los que más le quieren y los que mejor le conocen quienes deben comunicárselo.

¿Qué se puede hacer y decir para ayudar al niño durante la separación? Es preciso recordar a los padres que deben darles respuestas concretas, utilizando palabras que a la vez inicien al niño en la vida de los adultos y justifiquen su confianza en el sentimiento de responsabilidad, aun cuando no puedan todavía

comprender en toda su dimensión esta responsabilidad.

¿Es normal que el niño espere la reconciliación de sus padres?. Las buenas relaciones del niño con

sus padres durante la ruptura no disminuyen su angustia en el momento del divorcio o sus fantasías de quererles reconciliar.

Se encuentra con frecuencia que numerosos niños siguen esperando la reconciliación de sus padres 2, 3, 4 e incluso 6 años después de la separación.

Muchos llegan a ser maestros en la organización de las citas entre los padres, en el arte de acrecentar la tensión entre los padres o entre un cónyuge y su nueva pareja. Todas estas maniobras son sólo

con un fin, forzar o incitar a los padres a reiniciar una vida en común.

Algunos niños se vanaglorian de haber hecho fracasar la nueva unión de uno de sus padres, de haber hecho todo lo posible para que se rompa. El deseo de reconciliación es tanto más presente en tanto que los padres tienen una buena comunicación entre ellos, cuando hacen las paces y llegan a ser amigos tras un período de discordia. Esta fantasía de reconciliación puede durar tiempo en la cabeza y en el corazón del niño. No hay que olvidar que en la separación, aunque se trata de un empobrecimiento, puede haber también aspectos positivos para los padres y para el niño.

Reacciones principales del niño. Así, los niños que presentan una buena salud mental antes de la separación responden de una manera adecuada a la situación; mientras que, los que ya antes tenían dificultades responden a la separación de una manera más estresada, con manifestaciones acusadas de culpabilidad, ansiedad, baja autoestima y tendencia a mostrarse solitarios. Los que responden más coléricamente son los adolescentes de familias cerradas (cuyos miembros no expresan abiertamente sus sentimientos)que sabían muy poco de la infelicidad marital.

Es importante, para los pediatras, distinguir los trastornos propios del menor en el período de la separación. Según la mayoría de los autores, los efectos más importantes de la separación ocurren durante los primeros años que siguen a la separación, disminuyendo con el paso del tiempo.

Se puede decir que, en general, los niños sufren a menudo la decisión de la ruptura, buscan reunir a sus padres, se sienten tristes, culpables y viven de lejos los reveses de sus padres. Según la edad, podemos encontrarnos diferentes manifestaciones en el niño:

El niño de 2 a 5 años

Los preescolares tienden inicialmente a mostrar una conducta regresiva. Las reacciones más frecuentemente observadas son:

• Tristeza.

• Pesadillas e insomnio.

• Temor de ser abandonado (enfados a la mínima separación, cuando los padres salen de una habitación, sin ni siquiera salir de la casa). Debido a sus limitaciones en las capacidades cognitivas y lingüísticas, tienen gran dificultad para verbalizar sus miedos y preocupaciones.

• Conducta regresiva (vuelve a chuparse los dedos sin pudor, incontinencia urinaria, se mancha, reclama el chupete o su biberón, habla como un niño pequeño).

• Sentimiento de culpa. El niño llora con frecuencia, está taciturno, desanimado, presenta pérdida de apetito y del sueño. Puede pensar que él ha sido el causante de la separación.

• Agresividad (golpea los pies y los puños, lanza objetos, muerde o pellizca a otros niños).

• Comportamientos de oposición, tales como: protestar para acostarse, para obedecer o para guardar sus juguetes.

• Alteraciones del juego, manifestando a través de él sus sentimientos de agresividad.

• Fantasía de reconciliación presente alrededor de los 4-5 años. Puede hacerse directamente con los padres mediante súplicas, lágrimas o enfados, o siendo agradable.

• Pueden aparecer fantasías macabras o también de negación de la ruptura marital.

• Incremento de las demostraciones de cariño y/o necesidades emocionales.

El niño de 6 a 8 años

Las reacciones más frecuentes en estos niños son:

• Tristeza por la separación, gran sentimiento de pérdida (proceso de duelo). Echan de menos al padre ausente y temen su sustitución y rechazo. (algunos lloran, otros están taciturnos o se aíslan).

• El rendimiento escolar puede disminuir.

• Sentimiento de culpa, de ser el responsable de la separación de sus padres.

• Tendencia a querer remplazar al padre que ha partido (el hijo tiende a jugar al padre y la hija a jugar a la madre en la casa) debido a la ruptura del proceso de identificación con el progenitor.

• Fantasía de reconciliación. Algunos niños quieren reorganizar las citas a fin de que sus padres se encuentren.

• Sentimiento de lealtad hacia el progenitor ausente y cólera hacia el padre custodio, haciéndole responsable

de la separación.

• Aumenta o disminuye la capacidad de concentrarse y de realizar ciertos trabajos escolares.

• Cambios, a veces súbitos, de sus comportamientos sociales, en la escuela o con sus amigos.

El niño de 9 a 12 años

Podemos observar las siguientes reacciones:

• Tristeza.

• Sentimiento de vergüenza y de fastidio por la separación.

• Enfado, sobre todo con el padre responsable del divorcio o que ha empezado la separación.

• Negación para ocultar su tristeza. Adoptan aires de seguridad y de calma. Algunos niños son maestros en el

arte de disimular: ellos están tristes pero no lo parecen.

• Aumentan los síntomas somáticos (dolor de cabeza, de barriga, de espalda), expresión de un alto nivel de ansiedad y de cuadros depresivos.

• Disminución de la confianza en sí mismo.

• Sentimiento de culpabilidad.

• Algunos niños rehúsan participar en las actividades habituales, deportes y culturales.

El adolescente de 13 a 18 años

Las reacciones más frecuentemente observadas:

• Profunda tristeza, por todo lo experimentado, sentimiento de pérdida.

• Cólera contra los dos padres o contra uno en particular.

• Sentimiento de abatimiento ligado a las responsabilidades, sobre todo si tiene hermanos más pequeños.

• Vergüenza por los comportamientos a veces inmaduros de uno o de los dos padres.

• El adolescente deja de ser el confidente o aliado de uno de los padres.

• Imita a un padre en la búsqueda de la libertad sexual.

• Desarrolla sus propios intereses y reivindica que estos intereses deben de estar integrados en la organización de las citas con el padre no custodio.

• Rechaza la residencia alterna, algunos adolescentes habituados al cambio de residencia se cambian fácilmente si se sienten bien en las dos casas.

• Sentimiento frecuente de culpa y tirantez con la demanda del padre no custodio que quiere establecer un contacto regular y la necesidad personal de libertad y disponibilidad para los amigos (conflictos de horario).

Efectos a largo plazo del divorcio en los hijos

Aunque habitualmente es necesario un tiempo para la adaptación a la separación. En el curso del primer año, sobrevienen alteraciones importantes en los vínculos y en los roles familiares, en las funciones de los padres y en la adaptación de los niños. Sin embargo, al año de la separación, la mayoría de los niños y adolescentes han mejorado. Disminuye la preocupación por la separación parental y la gran mayoría desarrollan bien sus actividades y dejan a un lado la separación. La ansiedad también ha desaparecido, aunque perduran

algunas preocupaciones, como el temor al posible abandono por uno o ambos padres.

En general, la mayoría de los síntomas, como: trastornos del sueño, las fobias, las regresiones, los miedos o el bajo rendimiento escolar no son tan evidentes o han sido superados por el niño.

Dos o tres años después de la separación, se encuentra un equilibrio funcional que se acompaña de una mejoría en la relación padres-hijos y en la adaptación de los niños. En estos casos, lo que encontramos

con mayor frecuencia es una depresión, presentando el niño o adolescente tristeza, una baja autoestima, bajo rendimiento escolar, dificultad para la concentración, aislamiento social, inhibición en el juego, gula en el comer, irritabilidad persistente y promiscuidad sexual en el adolescente.

Se ha demostrado que, aproximadamente, el 10% de los niños que se sienten culpables de la separación luego se vuelven depresivos. Suelen ser también manipuladores con sus compañeros, en el juego o en las relaciones sociales.

Pasados unos cinco años de la separación parental, casi el 30% de los niños aprueba la separación, aceptan el cambio familiar como un hecho consumado, pero no toman posturas en pro ni en contra de la separación.

En general, los niños aprueban o desaprueban la decisión de separación de sus padres según su experiencia de varios años dentro de la familia postseparación.

En cuanto a la relación con el padre no custodio, en esta etapa se consolida y se mantiene constante. Los que más se benefician suelen ser los niños más pequeños, que pasan más a menudo noches y fines de semana con su padre que los niños más mayores. Hay una correlación entre la cantidad de visitas y la calidad de

la relación padre-hijo.

Nuevo matrimonio

En muchos casos, introduce una sensación de seguridad en el hogar que no daría la familia de un solo progenitor.

También, puede despertar nuevas tensiones y estrés. Cuando un progenitor se casa de nuevo, el otro puede temer que los hijos lo abandonen por el padrastro y/o madrastra. Por otra parte, los niños se pueden sentir como si traicionaran a su padre si establecen un nuevo vínculo con el esposo o esposa, pudiendo sentir una ambivalencia y seguir deseando la reconciliación de los padres. Pueden tener sentimientos contradictorios hacia el nuevo cónyuge y a menudo es el blanco de hostilidades.

Si el nuevo cónyuge tiene otros hijos de un matrimonio previo o nacen nuevos hermanos, existe la posibilidad de celos y competencia entre los hermanos.

El padre ausente. Si el padre les abandonó o no mostró interés por sus hijos, habrá que hablarlo de forma abierta, para que terminen asimilando el hecho. Si la madre insiste en que el padre ama a sus hijos, éstos terminarán por no creerla. El mejor enfoque es dar una imagen clara de las virtudes y los defectos del progenitor.

¡Te diste cuenta que en realidad encontraste en este artículo lo que estabas buscando acerca de los hijos y el divorcio o separación de sus padres! Que tal si nos dejas un comentario acerca de este artículo y de nuestro blog. Ten la seguridad que lo leeremos y lo contestaremos inmediatamente.

BIBLIOGRAFÍA

.

1.** Benedek EP, Brown CF. Cómo ayudar a sus hijos a superar el divorcio. Barcelona: ediciones Médici; 1999.

2.** Castells P. Separación y divorcio. Efectos psicológicos en los hijos. Barcelona: Planeta SA; 1993.

3.** Dolto F. Cuando los padres se separan. Barcelona: Paidós SA; 1989.

4.** Giddens A. Familia, matrimonio y vida privada. En: Giddens A. Sociología. Madrid: Alianza Editorial SA; 1998. p. 189-

227.

5.*** Johnston JR, Breunig CG, Baris M. Cuentos

6.*** Rojas Marcos L. La pareja rota. Madrid: Espasa Calpe SA; 1994.

7.*** Willi J. La pareja humana: relación y conflicto. Madrid: Morata SA; 1978.

8.** Cantón Duarte J, Cortés Arboleda MR, Justicia Díaz MD. Madrid: Psicología Pirámide; 2000.

9 *** M. Riquelme Pérez Centro de Salud Universitario La Chopera I. Alcobendas, Madrid Pediatria Integral 2005;IX(9):673-680.

About these ads

3 comments so far

  1. maria viviana gonzalez mora on

    muy bueno el articulo pero necesito sabr q sucede cuando la madre entrega a sus hijos al padre, y luego de años intenta recuperarlos? necsito orientacion. gracias

    • hijosypadres on

      Apreciada María Viviana, gracias por su comentario que nos anima a continuar en el empeño de ser una ayuda efectiva para los padres. Respecto de su consulta: “… q sucede cuando la madre entrega a sus hijos al padre, y luego de años intenta recuperarlos?…” encontramos que ella tiene dos enfoques de respuesta posibles así:
      El primero relacionado con el aspecto psicológico que puede comportar lo que Usted llama recuperación de sus hijos. A este respecto encontramos y le podemos decir que el vinculo afectivo que existe y se crea entre una madre y su hijo resulta tan fuerte e inexcusable que permite desde el punto de vista afectivo, afirmar sin lugar a duda, que cualquier recuperación del amor de un hijo hacia su madre, tendrá siempre que darse sobre la base de este precioso vínculo generado desde la concepción, la gestación y el nacimiento. Dependerá entonces de factores exógenos tales como las circunstancias de tiempo, modo y lugar en que se produjo la entrega; en cuanto tiempo pudo haber transcurrido; en la edad de sus hijos al momento de la entrega; en cuan alienados o no puedan estar por el padre respecto a ti. Pero en general apelando al amor con mayor o menor trabajo de tu parte, estamos seguros que fundados en este vínculo entre madre e hijo, lograras recuperar afectiva y plenamente a tus hijos.
      El segundo enfoque posible de respuesta, está vinculado a los aspectos de carácter legal que rodean esta situación. Ellos varían de acuerdo a la legislación vigente en cada país. Sin embargo, dependiendo de si la entrega de tus hijos al padre se produjo como resultado de un proceso de divorcio o separación de bienes o cuerpos o de ambos, ante un juez o notario, será el manejo que pueda tener ahora la posibilidad de recuperación jurídica de tus hijos. Dentro del acto jurídico de entrega ha de haberse regulado las condiciones de modo, tiempo y lugar en que el padre ejercería la patria potestad así como la manera como la madre estaría vinculada con sus hijos y por ende los derechos y deberes que corresponden a cada progenitor. En cualquier caso, la legislación generalmente es más severa con el padre o madre desinteresada que respecto de aquel que ha mostrado mayor interés y sentida de responsabilidad frente al hijo en un proceso de divorcio o separación. En tal sentido le sugiero que revise los documentos y el escenario jurídico dentro del cual se desarrollo la entrega de los hijos al padre y en tal evento si las circunstancias que la motivaron han cambiado o simplemente es tu voluntad volver a ejercer derechos y deberes frente a estos hijos, y siendo ellos aún menores, bien podrás acudir nuevamente a la jurisdicción para que se revise el caso y te reasignen custodia y patria potestad eventualmente suspendidas. Te mandamos un abrazo y te deseamos una feliz navidad y un maravilloso 2011 para ti y los tuyos.

  2. LILIANA on

    ESTOY DIVORCIADA HACE 3 AÑOS MIS HIJOS TENIAN 3O AÑOS 27 Y 22 SON BARONES EL MAYOR DEJO DE HABLARME Y NO ACEPTA MI NUEVA PAREJA EL SEGUNDO MASOMENOS PERO ESTA MAL CONMIGO Y EL TERCERO ESTA FELIZ DE VERME BIEN A MI VIENE A CENAR UNA VEZ A LA SEMANA Y SE LLEVA MUY BIEN CON MI PAREJA PERO ME DUELE MUCHISIMO QUE MIS DOS HIJOS ESTE ALEJADOS DE MI ¡me querran ver sola? como es cuando ya son grandes y esta todo mal?


Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 32 seguidores

%d personas les gusta esto: