Feliz Navidad


Navidad significa “Nacimiento”, celebramos el nacimiento del hijo de la Virgen María y de San José, por eso representa Amor, Paz, Felicidad, Unión  y Amor.En todo el mundo latino no hay una tradición más universal y que nos unifique e identifique tanto como la celebración anual de las festividades de Navidad. Su sola mención trae emociones, excitación y alegría en los niños, días de fiesta y buenos ratos en los jóvenes, así como gratas añoranzas y la esperanza del re-encuentro con familiares desplazados o amigos de siempre en los mayores.

No podemos hablar de navidad sin pensar en novenas o posadas, natillas, buñuelos  , Villancicos la decoración del árbol de navidad. El espíritu navideño nos hace sentir más cercanos a los demás y a nuestros familiares, las casas, edificios y todos los lugares donde vivimos se llenan de adornos alusivos a la época: los niños se sienten especialmente emocionados por lo que significa ese día y por la magia que eso conlleva.

Padresexpertos.com ha preparado para ti una serie de consejos prácticos para que prepares una receta navideña , villancicos, cuentos y una oración de navidad para que te diviertas y las compartas con toda tu familia.

Una de las cosas más  ricas de la Navidad son las comidas celebradas en ambiente festivo junto a familiares y amigos, desfilando por la mesa deliciosos platos preparados con esmero muchas veces sólo en esta época del año.

Tiempo de preparación: 20 minutos

Porciones: 8/10 porciones

Ingredientes:

  • 2 libras de queso fresco, molido
  • 1 ½ de harina de maíz
  • 2 huevos batidos
  • ¼ de taza de leche
  • 1 cucharadita de azúcar
  • Aceite

Preparación:

Se mezclan todos los ingredientes, se amasan hasta lograr una masa suave. Se forman bolitas con las manos húmedas y se ponen a freír en aceite caliente (bien caliente). Se deja que doren y se ponen  a escurrir  en papel absorbente.

Nota: la prueba para verificar que el aceite está bien caliente, es poner una pequeña bolita de la masa, si ésta sube a la superficie inmediatamente, esto indica que el aceite ya está con la temperatura adecuada.

CUENTO DE NAVIDAD
Ray Bradbury

El día siguiente sería Navidad y, mientras los tres se dirigían a la estación de naves espaciales, el padre y la madre estaban preocupados. Era el primer vuelo que el niño realizaría por el espacio, su primer viaje en cohete, y deseaban que fuera lo más agradable posible. Cuando en la aduana les obligaron a dejar el regalo porque pasaba unos pocos kilos del peso máximo permitido y el arbolito con sus hermosas velas blancas, sintieron que les quitaban algo muy importante para celebrar esa fiesta. El niño esperaba a sus padres en la terminal. Cuando estos llegaron, murmuraban algo contra los oficiales interplanetarios.

— ¿Qué haremos?

— Nada, ¿qué podemos hacer?

— ¡Al niño le hacía tanta ilusión el árbol!

La sirena aulló, y los pasajeros fueron hacia el cohete de Marte. La madre y el padre fueron los últimos en entrar. El niño iba entre ellos, pálido y silencioso.

— Ya se me ocurrirá algo –dijo el padre.

— ¿Qué…? –preguntó el niño.

El cohete despegó y se lanzó hacia arriba al espacio oscuro. Lanzó una estela de fuego y dejó atrás la Tierra, un 24 de diciembre de 2052, para dirigirse a un lugar donde no había tiempo, donde no había meses, ni años, ni horas. Los pasajeros durmieron durante el resto del primer “día”. Cerca de medianoche, hora terráquea según sus relojes neyorquinos, el niño despertó y dijo:

— Quiero mirar por el ojo de buey.

— Todavía no –dijo el padre–. Más tarde.

— Quiero ver dónde estamos y a dónde vamos.

— Espera un poco –dijo el padre.

El padre había estado despierto, volviéndose a un lado y a otro, pensando en la fiesta de Navidad, en los regalos y en el árbol con sus velas blancas que había tenido que dejar en la aduana. Al fin creyó haber encontrado una idea que, si daba resultado, haría que el viaje fuera feliz y maravilloso.

— Hijo mío –dijo–, dentro de medía hora será Navidad.

La madre lo miró consternada; había esperado que de algún modo el niño lo olvidaría. El rostro del pequeño se iluminó; le temblaron los labios.

— Sí, ya lo sé. ¿Tendré un regalo? ¿Tendré un árbol? Me lo prometisteis.

— Sí, sí. todo eso y mucho más –dijo el padre.

— Pero… –empezó a decir la madre.

— Sí –dijo el padre–. Sí, de veras. Todo eso y más, mucho más. Perdón, un momento. Vuelvo pronto.

Los dejó solos unos veinte minutos. Cuando regresó, sonreía.

— Ya es casi la hora.

— ¿Puedo tener un reloj? –preguntó el niño.

Le dieron el reloj, y el niño lo sostuvo entre los dedos: un resto del tiempo arrastrado por el fuego, el silencio y el momento insensible.

— ¡Navidad! ¡Ya es Navidad! ¿Dónde está mi regalo?

— Ven, vamos a verlo –dijo el padre, y tomó al niño de la mano.

Salieron de la cabina, cruzaron el pasillo y subieron por una rampa. La madre los seguía.

— No entiendo.

— Ya lo entenderás –dijo el padre–. Hemos llegado.

Se detuvieron frente a una puerta cerrada que daba a una cabina. El padre llamó tres veces y luego dos, empleando un código. La puerta se abrió, llegó luz desde la cabina, y se oyó un murmullo de voces.

— Entra, hijo.

— Está oscuro.

— No tengas miedo, te llevaré de la mano. Entra, mamá.

Entraron en el cuarto y la puerta se cerró; el cuarto realmente estaba muy oscuro. Ante ellos se abría un inmenso ojo de vidrio, el ojo de buey, una ventana de metro y medio de alto por dos de ancho, por la cual podían ver el espacio. el niño se quedó sin aliento, maravillado. Detrás, el padre y la madre contemplaron el espectáculo, y entonces, en la oscuridad del cuarto, varias personas se pusieron a cantar.

— Feliz Navidad, hijo –dijo el padre.

Resonaron los viejos y familiares villancicos; el niño avanzó lentamente y aplastó la nariz contra el frío vidrio del ojo de buey. Y allí se quedó largo rato, simplemente mirando el espacio, la noche profunda y el resplandor, el resplandor de cien mil millones de maravillosas velas blancas.

A la nanita nana, nanita ea, nanita ea,
mi Jesús tiene sueño, bendito sea,
bendito sea.

Fuentecilla que corres clara y sonora
ruiseñor en la selva cantando lloras
callad mientras la cuna se balancea
a la nanita nana, nanita ea.

A la nanita nana, nanita ea, nanita ea,
mi Jesús tiene sueño, bendito sea,
bendito sea.

Manojito de rosas y de alelíes
¿qué es lo que estás soñando que te sonríes?
Cuáles son tus sueños, dilo alma mía, mas
¿qué es lo que murmuras? Eucaristía.

A la nanita nana, nanita ea, nanita ea,
mi Jesús tiene sueño, bendito sea,
bendito sea.

Pajaritos y fuentes, auras y brisas
respetad ese sueño y esas sonrisas
callad mientras la cuna se balancea
que el Niño está soñando, bendito sea.

A la nanita nana, nanita ea, nanita ea,
mi Jesús tiene sueño, bendito sea,
bendito sea.
Un abrazo a todos y unas Felices Fiestas, donde quiera que se encuentren, esperando que la alegría de la temporada se extienda por todo el año y nos permita acercarnos a los latinos cada vez más como un gran pueblo de mil rostros y facetas, pero un sólo corazón hermano.

ORACION DE NAVIDAD

Niño Dios, tú que llegaste al mundo para salvar, te pido años de paz.
Niño Dios, tú que naciste en un pesebre, te pido que no haya más miserias en el mundo.
Niño Dios, tu que naciste de una madre virgen, te pido pureza en este mundo.
Niño Dios, tu que eres salvador, sálvanos de los desastres que nos provoca la naturaleza.
Niño Dios, tú que nos diste la vida para vivirla, que la vivamos de acuerdo a tu gloriosa vida. Amén.

Felices Fiestas les deseamos a todos

 

PadresExpertos.com

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